
Los camellos no caminan sobre el desierto “porque sí”. Sus patas tienen una forma especial que les permite avanzar sobre la arena caliente sin hundirse como les pasaría a muchos otros animales.
En lugar de pezuñas pequeñas, tienen almohadillas anchas y resistentes que distribuyen mejor su peso, casi como si fueran “zapatos naturales” para el desierto. Además, les ayudan a protegerse del calor extremo del suelo. Sus patas también se expanden un poco al caminar, lo que les da más estabilidad en terrenos difíciles.
Por eso pueden recorrer largas distancias en lugares donde pocos animales lograrían sobrevivir.
La naturaleza, una vez más, haciendo lo suyo.

