
Este pequeño cachorro recibió una misión muy importante durante una sesión de fotos: parecer un perro feroz.
Pero como de bravo no tenía absolutamente nada, hizo lo único que se le ocurrió.
Agarró una ramita con la boca, frunció el hocico y trató de verse lo más intimidante posible.
Y aunque por un momento logró engañar a más de uno con su expresión, la realidad es que seguía siendo el mismo perrito tierno de siempre.
Seamos honestos... ¿te da miedo o ganas de abrazarlo?

